Leyendo a de la Garza Toledo



Mañana del miércoles 9 de enero del 2019. Sentado en el tren chino que va a Constitución, me pongo a leer y comentar un texto que bajé por internet. Es una ponencia del sociólogo de la Garza Toledo realizada en el 2007. El investigador la tituló, “Hacia un concepto ampliado del trabajo”[1]. El texto comienza diciendo que: Se torna necesario abrir una discusión sobre el concepto clásico de “Mercado de Trabajo”[2]. Es pertinente, continúa, trabajar sobre un concepto ampliado de construcción social de la ocupación que abarque todos los trabajadores, los que tienen empleo y salario, sumados a los que no tienen ni empleo ni salario, donde muchos de estos últimos, agrego, tampoco tienen un patrón visible. Un replanteo de la situación que también incluya a más de dos actores en la relación entre la “oferta” y la “demanda”, agrega de la Garza. No limitarse a la relación patrón / empleado e incorporar la figura del cliente, del usuario, del automovilista, del transeúntes y otros.

Comentando sobre los antecedentes de esta nueva situación que se vive, de la Garza Toledo dice que: durante casi todo el siglo veinte los estudios predominantes acerca del trabajo siguieron un trazado que iba de los mercados de trabajo, a los procesos de trabajo, a la regulación de la relación laboral y a las acciones colectivas vinculadas con el trabajo asalariado. Sin embargo la persistencia en el tiempo de las actividades no asalariadas, continúa de la Garza Toledo, así como los trabajos informales, precarios, flexibles, atípicos. La permanencia en el tiempo de este tipo de trabajo, llevó a que algunos investigadores pensaran que estas categorías antiguas y nuevas de trabajadores y trabajadoras iban a ser incapaces de constituir identidades colectivas amplias. Que el futuro iba a ser la fragmentación y el repliegue hacia el individualismo, a construir pequeños sujetos aislados. (En nuestro país, si tomamos a los años noventa, como


Los conceptos actuales de sociedad de riesgo, como del nuevo espíritu del capitalismo, donde predomina la especulación financiera sobre la producción, van poniendo fin a la seguridad en y de los empleos que supuestamente habían caracterizado al Fordismo en la etapa del Estado Benefactor, al limitarse el pleno empleo, fragmentarse las biografías y carreras profesionales, predominando el “trabajo flexible”, precario e inseguro, con debilitamiento de la identidad social e individual. Estaríamos asistiendo a una desestructuración laboral, familiar y social. (Desde hace bastante tiempo, es inimaginable en nuestro país, conseguir un trabajo y jubilarse en ese mismo empleo. Es compleja la lógica empresarial, si un joven va a tomar un empleo y dice que tiene experiencia en otra fábrica, no lo toman, prefieren al que no tiene experiencia) Todo esto jugaría en contra de la identidad colectiva y también individual. El trabajo entonces se tornaria como un collage de fragmentos de experiencias, que impediría el arraigo a un grupo social en particular. Provocaría también la fragmentación del conocimiento acumulado, la superficialidad de las relaciones sociales, el desprecio por la antigüedad laboral; el mismo espacio y el tiempo social se desestructurarían. Con este panorama el capitalismo que necesita legitimar la nueva situación social se apropiaría a la vez de las críticas a la vida rutinaria del Fordismo y las asumiría como necesidad de autocontrol del trabajador y la exaltación del reto del riesgo permanente. (Esto serían los nuevos paradigmas del Posfordismo o Toyotismo, que propone comprometer al trabajador, para que se ponga la camiseta de la empresa. También como ejemplo tenemos el discurso del presidente Macri que alienta a los emprendedores individuales como forma de resolver los problemas de empleo) La crítica a la explotación o la lucha de clases, por supuesto, serían declaradas anticuadas y obsoletas.


Sin embargo al mismo tiempo que las organizaciones tradicionales de asalariados decayeron en todo el mundo, nuevos movimientos sociales aparecieron en la década del ochenta (En nuestro país estamos hablando por un lado de los sindicatos tradicionales, de la CGT y por el otro, de los movimientos piqueteros y sociales que nacieron, se organizaron y crecieron en los conflictos y movilizaciones como la Marcha Federal en 1995, Cutral Có y Plaza Huincul en 1997, Tartagal y General Mosconi en el 2000, la Crisis del 2001, como también durante los gobiernos de Néstor y Cristina, algunos ejemplos son: el MTD, la Túpac Amaru, la Federación de Tierra y Vivienda, el Movimiento Teresa Rodríguez, la CTEP, la CCC, Barrios de Pie, el Movimiento Evita o la misma CTA formada en 1991. Algunos de estos nuevos sujetos sociales no tenían aparente relación con el mundo del trabajo, pero otros si, aunque no siempre en la forma clásica de la relación entre capital y trabajo.

Es decir, existe la necesidad de explicar las fuentes de identidad y la acción colectiva entre trabajadores situadas en poco claras de relación laboral asalariada. También la relación con clientes y usuarios, (por ejemplo en trabajos como: Asistente terapéutico, trabajadores del espacio público, Huber, Globers, Call centers y otros) Tal vez sea necesario recapitular acerca de un concepto ampliado del trabajo, decía de la Garza en el 2007, que no se restrinja solamente al trabajo asalariado. También es necesario pensar en la potencialidad de constitución de identidades colectivas con los nuevos y viejos trabajadores asalariados.


Pequeños comentarios:


-Ver marchar a los trabajadores de la economía popular organizados en la CTEP junto a la CGT, ya no es un sueño. Ver a las amas de casa y las trabajadoras y trabajadores domésticos como parte de la CGT lo sigue siendo).


-En el andén de la estación La Plata del ferrocarril Roca, me encontré con un músico amigo. Conversamos mientras esperamos la llegada del tren. Yo voy para Constitución y vos para dónde vas, le pregunté. Estoy trabajando, me contestó, toco la guitarra y canto en el tramo que va hasta la estación Berazategui. Venite conmigo así te escucho, le dije. No puedo, me contestó, con los otros compañeros y compañeras que trabajan en el tren, tenemos pautado el orden de aparición en el vagón y el tiempo que le insume a cada uno la venta o actuación, no podemos pisarnos uno con otro. Yo canto pero otros venden Chipá, chocolates, caramelos, libros santos, empanadas y otras cosas. A nosotros no toca el tramo que va de La Plata a Berazategui. Allí bajamos y suben otra camada hasta Constitución. De allí nos volvemos a La Plata, vamos y venimos. Me sorprendió, hacen bien su trabajo. Sin patrones a la vista, los propios trabajadores organizan su tarea, figan criterios y, cuidan sus trabajos y se respetan entre ellos.


Gonzalo Leonidas Chaves - Enero de 20197


[1] de la Garza Toledo, Enrique. “Hacia un concepto ampliado del trabajo” “Del concepto clásico al no clásico” Biblioteca virtual CLACSO 2000. Está en internet.


[2] “Mercado de trabajo”. Del diccionario: Se entiende por “Mercado de trabajo” o “Mercado laboral”, al mercado en donde confluyen la oferta y la demanda de trabajo. La oferta de trabajo está formada por el conjunto de trabajadores que están dispuestos a trabajar y la demanda de trabajo por el conjunto de empresas o empleadores que contratan a los trabajadores

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