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“Es tiempo de comenzar por los últimos”

Por: Jorge Cornejo


Entre el humo de las parrillas y los cánticos peronistas, vimos pasar un auto, y vimos que desde el conductor salía un brazo en alto con los dedos en "V". Como una señal que buscamos en el desasosiego, en este caso por cuatro años de miseria y hambre, así operó la señal que nos mandaba Alberto, ayer, conduciendo él mismo su auto hasta al Congreso para hacer el traspaso de mando. Por un momento pensamos que el pasado reciente era una anécdota pero lo cierto es que es parte de nuestro presente, entonces necesitamos respuestas que nos permitan continuar de forma organizada. En términos místicos necesitamos conjurar el maleficio macrista. Pero no se trata acá de hablar de supercherías, lo que necesitamos es hablar de Política.


Nuevo Contrato de Ciudadanía Social


El discurso de ayer presentó varios puntos fuertes, varias definiciones que necesita un proyecto político que viene a subsanar 4 años de desidia, mala praxis y robo descarado, en algunos casos. El 40% de pobres que se conoció apenas una semana atrás no puede soslayarse ni aparecer como un factor secundario en el actual programa de gobierno nacional y popular. Los motivos y los actores sociales, que intervinieron e intervienen para que en la Argentina haya casi 18 millones de pobres, será materia pendiente que hay que resolver en algún momento. Ahora, hoy, el tema es el hambre.


“pondremos en marcha acciones que faciliten que todos los titulares del salario social complementario puedan insertarse en el mundo laboral y cobrar por su trabajo”

Alberto Fernández propone un nuevo contrato social y pone sobre la mesa, entre otros actores, el trabajo que vienen realizando los trabajadores de la economía popular, como una de las organizaciones que tendrán protagonismo en el aparato del estado para poder articular con otros sujetos de cambio en la creación de trabajo, comercialización y producción de alimentos.

“Es tiempo de comenzar por los últimos, para después poder llegar a todos.” En verso libre Alberto sienta las bases de su programa de redistribución: para poder llegar a todos, primero tenemos que llegar a los de abajo si o si, sin claudicaciones.


Y enfatiza: “Queremos un Estado presente, constructor de justicia social, que le dé aire a las economías familiares… La economía popular y sus movimientos organizados, el cooperativismo y la agricultura familiar serán también actores centrales de estas políticas públicas.” Va un poco más allá y despeja dudas cuando asegura que “pondremos en marcha acciones que faciliten que todos los titulares del salario social complementario puedan insertarse en el mundo laboral y cobrar por su trabajo”.


Los jóvenes y el trabajo es un tema de difícil resolución, sin ir más lejos el anterior gobierno de Juntos por el Cambio había resuelto esta problemática invitando a los jóvenes a una colimba civil regenteada por Gendarmería. Al contrario, Alberto propone “garantizar el derecho al primer empleo, a través de becas solventadas por el Estado para que jóvenes se capaciten y trabajen en empresas, PyMEs, organizaciones sociales y de la economía popular y la agricultura familiar.”


La idea del Nuevo Contrato de Ciudadanía Social supone algo más que una declamación, pone en valor las relaciones que se tejieron todos estos años, entre el feminismo y la juventud, y fundamentalmente entre las confederaciones de trabajadores y los movimientos sociales.


Es evidente que comenzó otra etapa, que se inició con la movida estratégica de Cristina cuando lo puso en el centralidad a Alberto Fernández, y también es evidente que la Economía Popular llegó para quedarse.