24 DE MARZO | A 45 años del golpe genocida

Actualizado: mar 26

Una página en la historia de lucha de nuestro pueblo y los/as trabajadores/as


Por: Camilo Porto Rojas | Prensa CEL

La Dictadura genocida iniciada el 24 de marzo de 1976 tuvo como objetivo primario la subordinación de la Argentina al interés extranjero, es decir, el retorno de la Nación justa, libre y soberana a su antigua condición semicolonial previa a 1945. Para ello, el régimen promovió la destrucción de la organización sindical argentina, bastión de la defensa de los intereses nacionales.


Declara el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas:


El 30,2 % de los detenidos-desaparecidos denunciados en la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas son obreros, y el 17,9 %, empleados (del 21 % que representan los estudiantes, uno de cada tres trabajaba).


Sin embargo, el conteo de victimas realizado por nuestras organizaciones sindicales determina otra cifra: al rededor del 67% de las víctimas del Plan Sistemático de Desaparición Forzada de Personas fueron, efectivamente, trabajadores y trabajadoras.

Esta pavorosa cifra se expresa en los fundamentos mismos de la Dictadura Cívico Militar: devolverle el país a sus "legítimos dueños", vale aclarar, a la Oligarquía Pampeana.


Más de un siglo atrás, Bartolomé Mitre sentenciaba la necesidad de lanzar en el país una cruenta "Guerra de Policía" que barriera con la insurgencia gaucha de las Montoneras Federales. Dicho proceso se llamó "de Organización Nacional" (1853 - 1880). El mismo, se destacó por el exterminio sistemático y despiadado de las mayorías nacionales del interior del país a través de la guerra directa contra los caudillos federales y las masas que los seguían. La matanza debía ser cruenta, en tanto señala Domingo F. Sarmiento al conocerse la noticia del decapitamiento del Chacho Peñaloza, caudillo riojano: “He aplaudido la medida precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses”. 123 años más tarde, retomando los métodos de sus perversos antepasados, la camarilla golpista instauró el "Proceso de Re-Organización Nacional" con los mismos objetivos de sus predecesores. Esta vez con un nuevo objetivo: la Clase Trabajadora. Tras el golpe del 16 de septiembre de 1955, la Oligarquía intentó retomar sin resultados el control del país y acabar con la quimera peronista. Tras 18 años de lucha encarnizada contra el Movimiento Obrero, las clases dominantes vieron derrotados sus esfuerzos en histórico retorno del General Perón, síntesis del triunfo del pueblo trabajador sobre la oligarquía. Tras 18 años de proscripción, el peronismo había penetrado en decenas de sectores otrora adversos a dicho movimiento. El "germen" de la revolución obrera parecía indetenible: la influencia de las organizaciones sindicales en los sectores medios, otrora opuestos al Proyecto Nacional, había incorporado a decenas de miles de jóvenes a las luchas por una Patria libre, justa y soberana. Por tal motivo, era necesario cortar la hidra de raíz.


En un documento denominado "Directiva del Comandante en Jefe del Ejército N° 504/77", se expresa con claridad la ofensiva contra la Clase Trabajadora. En el punto 2° de dicho documento -denominado "Misión", se determina:

"El Ejército intensificará la ofensiva general contra la subversión (...) con prioridad en los ámbitos industrial y educacional, dando preeminencia a lo urbano sobre lo rural y con esfuerzo principal en la zona BUENOS AIRES (CAPITAL FEDERAL -GRAN BUENOS AIRES - LA PLATA - BERISSO - ENSENADA) y secundario en el CORDON RIBEREÑO (VILLA CONSTITUCION - CAMPANA) - ROSARIO - SANTA FE -CORDOBA - TUCUMAN, a fin de facilitar la consecución de los objetivos del PRN."


Dichas áreas constituían en núcleo del desarrollo industrial argentino, es decir, el mayor conglomerado de organizaciones obreras de nuestro país. El control de las áreas fabriles constituyó un punto central del programa de la Dictadura Cívico Militar.


Continúa el Documento:


"El Ejército accionará selectivamente sobre los establecimientos industriales y empresas del Estado (...) para promover y neutralizar las situaciones conflictivas de origen laboral, provocadas o que pueden ser explotadas por la subversión, a fin de impedir la agitación y acción insurreccional de masas y contribuir al eficiente funcionamiento del aparato productivo del país."


El texto es concreto y no admite otra interpretación: el objetivo central no fue otro que el de frenar la insurgencia obrera del Movimiento Sindical argentino y su gran influencia en el resto de los sectores nacionales ligados al mercado interno.


En declaraciones al Diario La Nación del mes de noviembre del 77', el Ministro de Trabajo del gobierno de facto, General Horacio Tomas Liendo, sentenciaba:


"Respecto de la subversión en el ámbito fabril, sabemos que ella intenta desarrollar una intensa y activa campaña de terrorismo e intimidación a nivel del sector laboral. Es necesario conocer el modo de actuar de la subversión fabril, para combatirla y destruirla. (...) Frente a ello, el gobierno y las fuerzas armadas han comprometido sus medios y su máximo esfuerzo para garantizar la libertad de trabajo, la seguridad familiar e individual de empresarios y trabajadores y el aniquilamiento de ese enemigo de todos."


"Ese enemigo de todos" era y es el Movimiento Sindical argentino. Enemigo antes, de la dictadura genocida; enemigo hoy, de las fuerzas reaccionarias que su afán destituyente, operan todos los días para promover el fracaso de nuestro gobierno popular.

En los seis años de vida del llamado "Proceso de Re- Organización Nacional", la Dictadura eliminó los Convenios Colectivos de Trabajo, intervino la inmensa mayoría de las organizaciones gremiales (entre ellas 27 federaciones y 30 regionales) incluida la CGT (la cual, tiempo después, sería disuelta), ilegalizó la actividad gremial (asambleas, congresos, etc.), anuló el Derecho a Huelga, dejó sin efecto la jornada de 8 horas, habilitó el despido sin causa, arrebató las Obras Sociales a sus legítimos dueños, eliminó las federaciones de tercer grado, promulgó la "Ley de Prescindibilidad" autorizando el despido indiscriminado de las y los trabajadores del Estado, entre otras medidas antiobreras. Asimismo, redujo -por medio de una inflación sistemática- el poder adquisitivo del salario en un 50%, detonó la Ley de Contrato de Trabajo de 1974, aumentó exponencialmente los índices de pobreza e impulso un proceso inédito de extranjerización económica y financiera que pulverizaría el Mercado Interno y emprendería un proceso de des-industrialización que continuaría con el retorno de la Democracia, y se extendería hasta la llegada de Néstor Kirchner al gobierno en el año 2003.


Según estudios realizados por la Central de Trabajadores/as de la Argentina (CTA), el número de asalariados y asalariadas Detenidas-Desaparecidas asciende al 67% de las desapariciones forzadas ejecutadas por la Dictadura Cívico Militar.


Sin embargo, a pesar de la infamia asesina del Estado, del silencio de la prensa cómplice, de las intervenciones militares en nuestros sindicatos, del colaboracionismo de pequeñas cúpulas civiles y del desprecio de aquellos sectores que avalaron -y avalan- el golpe genocida, la Clase Trabajadora fue el puntal de la resistencia heroica contra la dictadura oligárquica. A pesar de la disolución de la CGT, principal herramienta de lucha de la Clase Trabajadora del S. XX, la Clase Obrera reorganizó sus filas, promoviendo ya en los primeros años de dictadura, pequeñas acciones contra la Junta Militar. En los primeros dos años del régimen, se sucederían decenas de pequeños conflictos por parte de sindicatos como Luz y Fuerza, trabajadores de Gas del Estado, Telefónicos, Ferroviarios y Textiles, entre otros. Dichos conflictos fueron brutalmente reprimidos y fácilmente derrotados, más en cada derrota crecería el germen que daría origen a las grandes manifestaciones que acontecerían tiempo después. Ya en el año 1979, la organización obrera esbozaba un volumen suficiente para enfrentar a la dictadura. Algunos sectores fabriles comenzaron a emplear la táctica del "Paro Sorpresivo" de corto plazo, el cual acumula, golpea y no da tiempo de reacción a los asesinos. La permanencia pacifica en los puestos de trabajo son una característica de estas medidas, lo que permitía, concluida la medida, volver rápidamente a las tareas. Otros sectores, como los metalúrgicos y ferroviarios, optaron por la manifestación callejera con el objetivo de visualizar los conflictos y así obtener apoyo de otros sectores.


El 27 de abril de 1979, la Dictadura enfrentaría la primera Huelga General de su gobierno. La medida convocada por los dirigentes de la “Comisión de los 25”, nucleamiento obrero liderado por el dirigente cervecero Saúl Ubaldini, fue severamente reprimida. Los días previos a la huelga, la Junta Militar intentó desarticular la medida, sin éxito alguno. Muchos de los dirigentes de “Los 25” fueron encarcelados a 72 hs de la huelga, pero la misma era indetenible. Su acatamiento fue moderado, más encendió la mecha que dinamitaría al proceso militar: la Dictadura había sido desafiada por el subsuelo de la Patria, conmoviendo al país en su conjunto. A partir de ese día, la actividad obrera se intensificó. En noviembre de 1980, la Comisión de Los 25 refunda la CGT a pesar de su ilegalidad. Sería bautizada como “CGT – Brasil”. Pocos meses después, dicha central convocaría al segundo Paro General contra la Dictadura para el 22 de julio del 81’. Meses después, sería convocada la primera movilización contra el régimen para el 7 de noviembre hacia la Iglesia de San Cayetano. La jornada sería recordada por la histórica consigna de “Paz, Pan y Trabajo”. Tras dicha medida, el régimen comienza a mostrar su evidente debilidad. Las medidas sectoriales se intensificaron los meses posteriores. Ya en el año 1982, previo a la guerra de Malvinas, la CGT – Brasil convocó a una movilización a Plaza de Mayo contra la Dictadura. Sería la movilización que marcaría el final de la Dictadura Cívico Militar. La jornada de lucha fue salvajemente reprimida y decenas de manifestantes terminaron presos, más la reacción social marcaba la culminación del régimen. Desde los balcones, vecinos del microcentro porteño tiraban piedras a los oficiales que durante tres horas reprimieron al pueblo movilizado. Entre las corridas, los bares de la zona protegían a los manifestantes, cerrando sus persianas. La movilización culminó con el asesinato del compañero José Benedicto Ortiz en Mendoza, más de 2.500 heridos y alrededor de 4.000 manifestantes detenidos, entre ellos varios dirigentes de la CGT – Brasil, madres de Plaza de Mayo y el líder obrero Saúl Ubaldini.


Las jornadas de lucha de la Clase Trabajadora, desprovista de toda protección, sin fueros legales, con la actividad gremial prohibida y en las peores condiciones materiales conocidas hasta ese entonces, fueron las que definieron la derrota de la Dictadura Cívico Militar. En ese proceso, miles de compañeras y compañeros fueron asesinados, torturadas, violadas, desaparecidos. Este nuevo aniversario del Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, reconocer la acción y el sacrificio de la Clase Trabajadora, de cada delegado, de cada afiliada, de cada despedido para la recuperación de la Democracia, debe ser una obligación moral de toda la sociedad argentina. Hoy, como ayer, constituye el principal bastión en la defensa de los intereses de las grandes mayorías nacionales, que son los intereses de la Nación. Así fue en tiempos del gobierno represor de Mauricio Macri, y así es hoy en la defensa de las políticas sociales y sanitarias del Gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner.


Honor y gloria a las 30 mil compañeras y compañeros detenidos desaparecidos.

Honor y gloria a la Clase Trabajadora argentina en su lucha por la emancipación social y nacional.